Cuentan que un cacique local, una vez acabada la Guerra Civil (a la que sobrevivió gracias a la protección de mucha gente de su pueblo) mandó llamar en audiencia a muchos vecinos de la localidad, rojos todos ellos y partidarios del bando republicano, para interrogarlos y humillarlos públicamente. Llegó el turno de un jornalero de la huerta, sin propiedades, sin tierras y analfabeto; nada más acercarse al cacique recibió un golpe en la cara con la mano abierta y el cacique le preguntó: “¿tú por qué defendías la República?¿Qué pretendías?¿Ser ministro?”

Si algo tienen las historias que pueden contarnos nuestros mayores es crudeza, una desgarradora y vil crudeza que ha formado parte de las vidas de mucha gente. Gente que ha visto la muerte de cerca, el hambre, miserias económicas y miserias humanas: guerras, dictaduras, humillación, represión, sometimiento,…

Nuestra Historia está repleta de esas pequeñas historias que no están escritas en ningún sitio pero que podrían ser contadas por mucha gente. Las historias de los “Nadies”, como diría Galeano. Y como esas, miles.

Nuestra Historia oficial, la escrita, suele olvidar a esa gente que nunca ha recibido ni recibirá reconocimiento alguno, pues son los hijos y nietos de los caciques de antaño quienes siguen hoy tomando las decisiones y quienes siguen pensando que el Poder siempre tiene la razón, aunque el puño y la pistola hayan sido sustituidos por las urnas.

Dijo Salvador Allende que “la Historia es nuestra y la hacen los Pueblos”, y el pueblo no es una figura, ni dos, ni cinco. Pueblo no son las instituciones, ni los que han ocupado puestos políticos o de responsabilidad.

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Pueblo somos todos. Somos nosotros, son los que estuvieron y son los que vendrán.

Pueblo son todos aquellos abuelos y abuelas que han muerto y mueren de forma anónima, sin placas, sin homenajes ni calles dedicadas, tras haber pasado su vida defendiendo la democracia y la libertad en nuestra tierra, ya fuera durante la República, durante la Guerra Civil, durante los casi 40 años de dictadura fascista o durante la Transición y años posteriores.

Pueblo fueron aquellos que hace más de tres décadas se movilizaron creando asambleas populares para pedir la independencia de su tierra y poder decidir por sí mismos su propio destino. La democracia, como la independencia, no la trajo nadie, hubo que pelearla. Ellos y ellas decidieron aspirar a ser Pueblo y lucharon por conseguirlo.

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Pueblo fueron aquellos agricultores que curtían sus manos de sol a sol para sacar adelante sus tierras, los que lucharon honradamente contra viento y marea para crear y ver crecer una cooperativa agrícola a costa de endeudamientos personales, de mucho sacrificio colectivo y perseverancia, teniendo que soportar traiciones e incluso insultos por parte de intermediarios y especuladores.

Pueblo son todas aquellas familias que hoy día viven con el agua al cuello, sin trabajo, acosados por las deudas, la hipoteca, las facturas del agua y de la luz, el material escolar de los niños, la comida,… abandonados por los responsables políticos… pero que siempre tendrán en sus vecinos y vecinas un apoyo desinteresado y solidario… éstos, también son Pueblo.

Santomera tiene Historia y esa Historia la ha hecho el Pueblo santomerano.

A todos los que de forma anónima dedicaron su vida a luchar por su tierra, por su gente, por construir lo que hoy tenemos y lo que hoy somos, a los que quedan y a los que ya no están. A todos ellos, nuestro más sincero reconocimiento y nuestra enorme gratitud por todo lo que nos dejaron.

Nosotros intentaremos defenderlo.

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