21 de Marzo

rebetes20:00 El Lunes hay trabajo también fuera del puerto. Los compas de Xekinima, una organización que combina el apoyo a los refugiados con la militancia antifascista, colaboran en la organización de un concierto solidario en Ilion Plus, un teatro en el centro de Atenas. El repertorio no puede ser más acertado: desde las 9 de la noche suena el ‘rebetiko’, la música de los emigrantes griegos que, expulsados de Turquía, malvivían en el puerto del Pireo allá por los años 30 y cuyas letras son un himno al recuerdo:

Σαν απόκληρος γυρίζω

στην κακούργα ξενιτιά

Περιπλανώμενος δυστυχισμένος

Μακριά απ’ της μάνας μου την αγκαλιάç

Marcho como un paria

por tierras extranjeras

errando infeliz

lejos del abrazo de mi madre

(Vasílis Tsitsánis)

Mientras 55 ‘rebetes’ desfilan por el escenario, la gente se acerca a las puertas del Ilion para aportar su granito de arena: traen alimentos no perecederos, productos higiénicos, mochilas y mantas… En menos de una hora la fila de bolsas ya ocupa toda la fachada. Al final de la noche trasladamos todo a un centro social en Exarchia, el barrio estudiantil. Hoy se han recogido más de 10.000 kilos de ayuda. Abrir la frontera no depende de nosotras. Acciones como esta sí que están al alcance de nuestra mano.

Hay otra buena noticia: mañana podré volver al puerto y lo haré con refuerzos. En Exarchia nos encontramos con Zacharias, un afgano que lleva ya un par de años en Europa, entre Grecia y Alemania. Habla farsí, pastún y urdu. Con ese equipaje y nuestro inglés de andar por casa vamos a darle voz a las personas refugiadas.

22 de Marzo

09:30 Al llegar al puerto se confirman nuestras peores previsiones. Después del acuerdo entre la UE y Turquía, Grecia está desmantelando los campamentos de refugiados de Lesbos y Kios y convirtiéndolos en centros de detención. Las ONG’s llevan días advirtiéndolo a pesar de la oscuridad con la que las autoridades manejan la información.

A muchos de los que habían conseguido llegar a las islas antes del acuerdo los han traído al Pireo. Los autobuses del puerto están llenos de personas desorientadas cargando equipajes y niños. Nos bajamos todos en el punto de atención primaria instalado por la Cruz Roja en la terminal 3. El Sábado habría aquí unas 400 tiendas de campaña. Ahora hay más del doble y las colas son mucho más largas. En total son ya más de 8.000 los refugiados estancados en el puerto. Se ven mucho más personal voluntario que el fin de semana, sobre todo de la Cruz Roja, pero las instalaciones sanitarias siguen brillando por su ausencia: faltan duchas y aseos.

11:00 Dejamos el ajetreo de la E3 y nos dirigimos a la zona en la que los ‘españoles’ prestan asistencia a los menores. Junto a la carpa hay un gran aparcamiento en el que los refugiados juegan al fútbol. En menos de un minuto ya tenemos equipo. Jugamos con un grupo de niños iraquíes. En el puerto hay un grupo de hasta 400 refugiados yazidíes, una minoría cristiana masacrada sistemáticamente por el ISIS. Zaidan tiene 12 años: -«¿Zaidan o Zidane?«, -«Zaidan, ¡soy del Barça!«. Desde que cogió el balón nadie se lo quita. Nos enseña su repertorio de malabarismos con la esperanza de que lo fichen en España. Los niños nos preguntan por el derbi de la semana que viene, por Suárez, por Cristiano… Esos que hablan de una lucha de civilizaciones y una integración imposible o no han viajado mucho o viven de espaldas al mundo actual. La información y las modas viajan hoy mucho más rápido y con menos trabas que las personas.

12:30 Ya en la carpa nos encontramos con Lidia, una voluntaria catalana que vino por su propia cuenta a Atenas cuando tuvo noticias de la crisis humanitaria. Como la mayoría de voluntarios aquí. La solidaridad se ha movilizado de forma espontánea. Lidia nos presenta a Zohoor y Alissar. En Agosto Zohoor envío a su hijo fuera de Homs, una de las ciudades más castigadas por la guerra de Siria. Hizo el trayecto por mar hacia Grecia con la familia de su marido, cruzando después los Balcanes hasta llegar a Alemania, una larga macha retransmitidida por las televisiones de todo el mundo tras el ahogamiento de Aylan Kurdi el 2 de Septiembre. Aunque su tía vive en Berlín desde hace 20 años el hijo de Zohoor tuvo que superar 3.700 kilómetros de obstáculos y arriesgar su vida varias veces para poder salir del infierno de Homs. En la Europa de los vuelos ‘low cost’ los gobiernos no han sido capaces siquiera de establecer una ruta segura para los menores que huyen de la guerra. Las prioridades de esta Europa tampoco pasan por reunir a las familias separadas por el conflicto. Zohoor me pregunta cuándo abrirán la frontera. Si los planes de la Unión Europa se cumplen se quedará atrapada por la maquinaria burocrática en Grecia y pasarán varios años hasta que pueda volver a ver a su hijo.

15:15 Hoy conseguimos entrar en el almacén de carga junto al que tienen su carpa los españoles, una nave desvencijada en el que se hacinan más de 200 tiendas. Aquí están los ‘privilegiados’. Familias con bebés de pocos meses de edad a las que se les da prioridad para que no duerman a la intemperie. Dentro somos testigos de un milagro. Ibrahim nos abre su tienda para mostrarnos a sus trillizos de 6 meses. En tan poco tiempo han conocido 4 países y poco menos que 10 campamentos distintos. «Sé que estoy cruzando la frontera de manera ilegal. Pero no puedo hacer otra cosa. No quiero que mis hijos pasen por lo que yo he tenido que pasar«. La familia fue interceptada por los guardacostas turcos en las aguas de lzmir. Cuando vieron a los 3 bebés no podían creerlo. «Los guardias me pedían incluso perdón y en Turquía me facilitaron un alojamiento temporal en Estambul«. Después volvieron a intentarlo. A pesar de la guerra y las alambradas Ibrahim nos asegura que en el trayecto ha encontrado mucha gente dispuesta a ayudar. Que estos tres bebés hayan llegado hasta aquí sanos y salvos es un motivo para creer en un futuro mejor.

A medida que pasaba el día se van extendiendo sin embargo las noticias sobre los atentados en Bruselas. Algunos refugiados nos preguntan si venimos de Bélgica, si tenemos familia allí… Los periódicos de mañana dirán que estamos en guerra. Algunos gobiernos aprovecharán para justificar cínicamente el cierre de sus fronteras. Los racistas aprovecharán para confundir a una opinión pública en estado de shock. Pero lo cierto es que no estamos en guerra contra esta gente. Al contrario. Debemos estar a su lado como otros lo estuvieron del nuestro hace no tanto.

Durante la guerra civil española 440.000 personas cruzaron la frontera con Francia. 220.000 se establecieron tras la guerra en una decena de países, fundamentalmente Francia, México y Argentina. 3.000 menores huérfanos fueron recibidos en Rusia con los brazos abiertos y escaparon a una vida de discriminación en España. Nadie se atrevió nunca a decir en los países de acogida que las víctimas del exilio fueran fascistas en potencia, como todos los españoles. Hoy, en cambio, se puede vivir muy bien como periodista confundiendo interesadamente a refugiados y terroristas. En España se puede llegar incluso a ministro. Pero por mucho que al sentido común lo llaman ‘buenismo’ seguiremos siendo muchos y muchas los que nos negamos a hacer de esa estúpida maldad nuestra norma de conducta. Estuvimos con las víctimas de la represión. Estamos con las víctimas del terror. Estaremos con los refugiados.

Mañana salimos hacia Alemania para ver cómo son sus condiciones de vida allí. Adiós Grecia.

¡Efharistó!

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