Desde Alternativa por Santomera nunca fue una prioridad poner encima de la mesa aspectos técnicos sobre la nueva residencia. Pensamos que es una oferta válida para aquellas personas que deseen ese servicio y, por lo tanto, una solución más a las necesidades y demandas de un sector cada vez más amplio de nuestra comunidad. Pero después de escuchar a su director en la presentación pública de esta institución de carácter privado en la que la definió como “guardería de viejos”, creemos que el equipo de gobierno no tiene ningún motivo para enorgullecerse de su apertura en estas condiciones. La Plataforma Ciudadana Alternativa por Santomera quiere tomar la iniciativa para reclamar la dignificación de la vida de alrededor de 1.200 vecinos y vecinas.

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Charla informativa sobre la Residencia Municipal realizada el 18 de mayo en el Salón de Actos Municipal.

No sabemos si muchas de las personas de Santomera son conscientes, al cien por cien, de lo que supone la “residencia” y su gestión a través del Grupo Sergesa, por lo que haremos un pequeño repaso a la modalidad de sus servicios y los filtros existentes para los futuros usuarios y usuarias.

El Grupo Sergesa es un conocido grupo empresarial dedicado a los servicios geriátricos a través de distintos modelos asistenciales, principalmente aquellos que comprenden la asistencia a domicilio, las estancias diurnas y las plazas residenciales. Santomera tendrá un servicio que comprenderá 20 plazas para las estancias diurnas y 114 para las residenciales. El modelo de funcionamiento por el que se rige la empresa es un modelo clínico asistencialista ¿Qué quiere decir esto? Que los criterios médicos primarán por encima de los criterios sociales. Esto supone que, en la práctica cotidiana, difícilmente habrá relación con las necesidades sociales reales de la comunidad.

La asistencia geriátrica privada es un modelo de asistencia que busca la rentabilidad en el servicio y, por tanto, la clasificación de los usuarios y usuarias en relación a los costes es un aspecto primordial para la viabilidad del servicio. Debemos saber que las clínicas que gestionan estos servicios disponen de unos baremos propios que determinarán el grado de asistencia que las personas requieren, aquellos que demanden más apoyos tendrán cuotas más altas. El coste mensual de la plaza puede llegar hasta 1.700 euros . De este modo, la accesibilidad no parte tanto de la necesidad y el deseo de las personas usuarias sino de su capacidad económica.

Existe un segundo modelo que es el correspondiente a la prestación vinculada al servicio. Para este modelo, aquellas personas que deseen ser usuarias del servicio deberán haber sido evaluadas por el IMAS y estar recibiendo una prestación proveniente de las “ayudas a la dependencia”, de tal forma que el grupo que sostiene la concesión del servicio se quedaría dicha prestación y el usuario o usuaria tendría que aportar el resto hasta el total de la cuota mensual asignada según baremo interno.

El momento en el que se encuentra la residencia de Santomera, que sepamos, no llega más allá de lo que hemos señalado, aunque las otras posibles opciones no son más esperanzadoras. Una tercera vía sería la de concertar plazas con el Instituto Murciano de Salud. Esto supondría supeditar la concesión de la plaza a una subvención de equis plazas por parte del IMAS y el pago, por parte de la persona “beneficiaria” de cualquier tipo de retribución económica que estuviera recibiendo. Esto supondría que a la persona le quedaría, exclusivamente, alrededor de un 10% de sus ingresos, que, nuevamente, en palabras del Director del Grupo Sergesa “es suficiente para el tabaco y sus vicios”.

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Resumidamente, lo que supone la apertura de lo que llamamos “la residencia” es, a nuestro parecer, un fraude para todas las personas que estaban esperanzadas con un envejecimiento más digno dentro de su pueblo.

Este servicio esta cargado de matices y sombras que no podemos dejar de mencionar, pues son de igual o mayor relevancia que los mencionados hasta ahora: el arraigo familiar, las uniones matrimoniales, las consecuencias negativas tras una renuncia a la plaza, la no prioridad para vecinos y vecinas de Santomera; en definitiva, un cúmulo de aspectos administrativos que dibujan un nuevo servicio que nada tiene que ver con lo que, en mayor medida y posiblemente, Santomera necesita. En conclusión, la residencia deja a una gran parte de la población de Santomera desesperanzada en la idea de vivir dignamente y toda su vida en el pueblo que les vio crecer y desarrollarse, sin verse por ello identificadas con personas usuarias, internas o inválidas.

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